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Los Niños y las Misiones

A la edad de seis años levanté mi mano en una conferencia misionera, afirmando que quería aceptar ese “Gran Desafío”; hoy, a la distancia pienso… ¿qué fue lo que me inspiró a levantar mi pequeña mano? Más allá del hecho fundamental de que Dios ya lo sabía… ¿fueron los oradores de la conferencia misionera acaso? Entiendo que nada de eso hubiera sido posible sin la intervención del Espíritu Santo que obra en nuestros corazones, haciéndonos entender cuál es nuestro propósito, aún desde la más tierna infancia.

Fui creciendo y ese sentir no se borró, crecía como yo, pero… ¿cómo crecía? escuchando historias misioneras en la radio cristiana, en la hora feliz, en la Escuela Bíblica, leyendo libros que me prestaban y libros que me compraban mis padres, prestando mucha atención en las conferencias misioneras, viendo los mapas y las banderas colgadas en mi iglesia, escuchando a misioneros contando sus experiencias en directo, escuchando a personas como Andrés Robert, inclaudicables a la hora de transmitir la necesidad de más misioneros.

Ahora, pasándolo al plano educativo, hablamos de “ambiente alfabetizador” cuando preparamos el clima para que los niños aprendan a leer. ¿Cómo preparamos el clima para que los niños o nuestros hijos aprendan qué son las misiones y tengan con el tiempo un llamado misionero?  En este artículo intento incentivar a que no dejemos de sembrar en los corazones de los niños, aunque ellos sean pequeños, son muy importantes para Dios; pues ellos pueden orar, pueden dar y pueden contar a otros sobre lo que es la obra misionera.

Como maestra de Escuela Bíblica entendí que es mi responsabilidad encontrar la forma de despertar en ellos el llamado misionero; desde enseñar que Jesús es el primer misionero, pasando por historias clásicas y relacionándolas con misioneros actuales, utilizando diferentes recursos que permitan que los niños conozcan más de la vida de los que se juegan por Él, que conozcan a los que se comprometieron con la Gran Comisión y que esa Gran Comisión viene con haber recibido el regalo de la Salvación y no debemos dejar de compartir ese regalo.

No perdamos la oportunidad que tenemos en nuestras manos, las estadísticas nos dicen que el 50% de los misioneros reciben su llamado misionero escuchando una historia misionera o testimonios de misioneros. Entonces nosotros tenemos que trabajar en esta Gran Comisión, ¡tenemos el seguro de vida Eterna que nadie tiene!, Jesús nos anima “y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

 

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