Generación Z y sus Barreras a la Fe

A medida que los valores cristianos disminuyen en su contexto cultural y surge el deseo de falsa tolerancia, la Generación Z articula varias barreras a la fe y a la membresía de la iglesia. Esta Generación Z expone según resultados de encuestas del grupo de investigación Barna (2020)[i], que el problema del mal y la existencia del sufrimiento es el mayor impedimento para creer en la existencia de Dios; así como también las historias de injusticias dentro de la iglesia.

Estas estadísticas indican que las ideas poscristianas como el analfabetismo espiritual y el relativismo moral, están manifiestas no sólo en adolescentes no creyentes, sino también en adolescentes creyentes. En general, las barreras contra la fe y la pérdida de interés en la iglesia, están llevando a un aumento en las tasas de creencias ateas y agnósticas en estos grupos adolescentes.

El Grupo Barna descubrió que “el porcentaje de adolescentes que actualmente se identifican como ateos, es el doble que el de la población adulta”. A la luz de un gran número de investigaciones, parece que la Generación Z no sabe realmente qué creer o por qué creer.

Los Chicos de la Generación Z, anhelan ver cambios en los sistemas injustos, buscan activamente resolver problemas a través de la innovación, valoran la comunidad, quieren marcar la diferencia; y quieren que el mundo se convierta en un mejor lugar.

Sin embargo, muchos Gen Z están mal equipados para entrar en la cultura poscristiana. Con poco conocimiento de las Escrituras o de la doctrina cristiana ortodoxa, muchos caen rápidamente en la apostasía, la incredulidad o la apatía.

Aquellos que permanecen, luchan por cultivar una fe superficial, basada en actividades divertidas y un malentendido de lo que la Biblia realmente enseña. Por tanto, si la iglesia quiere alcanzar a la Generación Z e integrarlos al Cuerpo de Cristo, entonces debe educar a los niños, adolescentes y apoyar a sus padres; buscar activamente a los perdidos y encontrarlos donde estén con sus preguntas e inquietudes. Si la iglesia permanece en silencio, las tendencias hacia el ateísmo y el analfabetismo espiritual continuarán creciendo, y nuestra cultura completará el cambio de lo sagrado a lo secular, hasta que el pensamiento cristiano no sea más que un recuerdo insignificante de un pasado intolerante.

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