El Covid-19 y La Celebración del Nacimiento de Jesucristo

Para los que somos padres o madres, hablar del nacimiento de nuestros hijos es, en la mayoría de los casos, dejarse inundar por intensas emociones y recuerdos únicos que cambiaron nuestras vidas. De repente, su llegada confirmó nuestro destino: ser padre o ser madre, y, convertir a nuestros padres en abuelos, a nuestros hermanos o hermanas en tíos y tías y en muchos casos regalar a nuestros sobrinos la alegría de tener un primo o una prima. Creo, que es por todo ello y mucho más que celebramos sus cumpleaños.
Veo a mis padres alegrarse cada vez que junto con mi familia los visito; para ellos, celebrar el cumpleaños de algún miembro de la familia es, CELEBRAR la VIDA y, eso es un regalo que no tiene comparación.
Creo, que para ningún padre o madre tendría sentido celebrar el cumpleaños de un hijo ya fallecido como si estuviera vivo; como tampoco para un cónyuge tendría sentido celebrar, como en vida, un aniversario más como casado si su pareja ya ha fallecido. Con esto, quiero decir, que lo que le da SENTIDO a este tipo de celebraciones es TENER la VIDA con nosotros.
La Navidad es una celebración más y como tal, su celebración debe ser genuina. Celebrar el nacimiento de Jesucristo, es reconocer que “en Él está la vida” (Juan 1:4) y, que “el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1 Juan 5:11-12). Por tanto, celebrar la Navidad solos, o con la familia en este nuevo contexto de pandemia, sin considerar nuestra necesidad del gobierno de Dios en nuestra vida, sería no sólo tener una celebración sin sentido, sino, y peor aún, privarle a nuestra vida del sentido que le falta.
Cada día se aconseja insistentemente a través de los diferentes medios de comunicación “cómo las familias deberían celebrar la Navidad”. No sólo se hace necesario considerar las recomendaciones de la OMS y las de nuestras autoridades, sino, que también es imperativo escuchar y acatar la autoridad de Dios, cuando nos dice “volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres.” (Malaquías 4:6 ); es decir, que en cuanto dependa de nosotros, trabajar en un proceso de reconciliación familiar, para que las familias sean un espacio de formación también espiritual.
De esta manera, que lo diferente de esta Navidad no sólo sea el contexto en que se desarrollará, sino, que sea La Respuesta a las Expectativas que Dios tiene, de la vida de cada uno de nosotros:

¿Qué espera Dios de mí? ¿Qué espera Dios de ti?…

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